miércoles, 9 de septiembre de 2009

Al principio.


Llega un momento en la vida en el que hay que volver a empezar. Algunas personas ven como lo que les rodea se derrumba, por lo que tienen que comenzar a construirlo todo de nuevo, siendo esto una tarea ardua.

Cuando el ser humano pierde la inociencia que otorga la niñez, se muestra temeroso ante lo nuevo, ante lo desconocido, por eso le atemorizan los comienzos. No sabe a qué tendrá que enfrentarse, desconoce qué le deparará el futuro, lo que antes parecía una aventura, ahora le molesta y le asusta.Otras personas se encuentran con que el camino se acaba, o que ya no hay indicadores. Cierran etapas de sus vidas, y se encuentran perdidas, vagando de acá para allá sin rumbo fijo. A estas personas que van cerrando ciclos, les toca comenzar uno nuevo, muchas veces sin guías ni mapas; se esfuerzan por seguir adelante y encontrar de nuevo su camino, van buscando indicios y pistas que le ayuden a continuar, manos amigas, nuevos ideales, nuevos pensamientos. Es un momento difícil, ya que en este punto la conciencia se frustra o se transforma en algo más fuerte.

He llegado a un punto de inflexión en mi vida. Es el momento de ir cerrando algunas puertas para abrir otras, de buscar ventanas, de encontrar el inicio del sendero, de comenzar nuevas etapas dejando atrás algunas. Reconozco que estoy algo asustado, pero marcho con paso decidido, con mi sombrero de explorador bien calado, la cantimplora llena, un mapa en blanco que iré dibujando paso a paso, con cuidado y alegría. Comienzo a estudiar una partitura diferente, obscura y enmarañada, pero estoy dispuesto a ir desentrañando los secretos de esta nueva melodía que se despliega ante mí, y pienso sacarle partido, tocarla a mi gusto, sin prisa pero sin pausa. Quién sabe si a la vuelta del recodo del camino, por fin encontraré lo que ando buscando, si hallaré ese árbol caído o la puerta secreta. No pienso quitarme el sombrero.